ENCUENTRO DE DOS MUNDOS

Encuentro de dos mundos

Autor: Crl (R) Mario Fuentes Busch

Magíster en Historia Militar

El explosivo y violento clima vivido en los últimos noventa días, coincidentes con el cambio de año y producto del mal llamado estallido social, no ha dejado indiferente a nadie, infligiendo heridas con marcas distintas en el alma y en el sentir de cada uno de los chilenos bien nacidos.

En mi caso el dolor vino por partida doble, pues no solo he sufrido impotente por la destrucción de un Chile hasta antes del 18 de octubre de 2019 tan hermoso, sino también por la profanación y deshonra del monumento al General Baquedano, al General invicto, al artífice y al héroe de una victoria colmada de glorias en el conflicto bélico más importante de nuestro país, la Guerra del Pacífico.

La trascendencia de la Guerra del Pacífico, sus consecuencias geopolíticas y la importancia de la calidad del mando del conductor estratégico General en Jefe del Ejército del Norte don Manuel Baquedano González, tuvo como respuesta agradecida de la sociedad chilena de la época la instauración del monumento espléndido en la plaza que actualmente lleva su nombre, en un lugar destacado de la Capital.

Fue el mayor acontecimiento bélico en la América del Sur, con más de 50.000 hombres en una batalla decisiva en los campos a las afueras de la capital incaica, ya hace 129 años. Recordé también que mi bisabuelo materno don Francisco Herrera, joven estudiante de Leyes combatió como subteniente recién movilizado en ese ejército chileno.

En la intimidad de mi hogar y en plena lectura, me invadieron algunos otros recuerdos bellos que marcaron mi niñez y juventud, uno de los cuales, junto a mi padre, oficial en retiro del arma de caballería, con quien asistíamos a la plaza Baquedano respetuosos para participar de la solemne ceremonia de aniversario de la Batalla de Chorrillos, de esa extraordinaria victoria del Ejército chileno, la cual se conmemoraba sagradamente todos los años en esta fecha. ¿Por qué se terminó dicho homenaje a fines de los 80? Es algo que nunca me lo he explicado, fue casi una afrenta a nuestros héroes.

En ese homenaje, frente al monumento del General Baquedano y a la Tumba del Soldado Desconocido, que representa a todos los combatientes chilenos, vi desfilar unidades de infantería, artillería, cadetes de la Escuela Militar, delegaciones de las otras ramas de las Fuerzas Armadas y de Carabineros, pero aún permanece en mi retina el desfile del viejo y glorioso regimiento “Cazadores a Caballo”, unidad que lo cobijó y en la que se formó y desenvolvió hasta ascender a general, el invicto Baquedano.

Hoy como todos los chilenos, observo atónito este hermoso conjunto arquitectónico de plaza Baquedano, otrora carta de presentación de nuestra capital, convertido en una ruina absoluta. Actualmente la plaza, la rotonda y el monumento a Baquedano están totalmente capturados y son destruidos día a día por sus usurpadores durante casi tres meses de continua ocupación.

Debo reconocer que es difícil mover a gente de nuestro sector, existe un temor a la respuesta violenta, muchos por asunto de edad, otros que no sienten interés de aparecer en ningún acto, los más, sencillamente por comodidad, y en fin, algunos porque sienten la derrota con marcado pesimismo.

Invité entonces a mi hijo mayor a un café y le propuse que me acompañara el 13 de enero a la plaza Baquedano, esto para grabar un saludo en homenaje a nuestro héroe militar. A esas alturas quedaba muy poco tiempo y consideré que al menos emitir un mensaje de este tipo a los admiradores del General Baquedano y al Ejército de Chile, sería un bálsamo para menguar el dolor de tanto ultraje sufrido en estos meses. Afortunadamente mi hijo quien se encontraba a una semana de celebrar su matrimonio, tuvo la entereza de aceptar la invitación y acompañarme a una incierta “incursión histórica”, a uno de los lugares más peligroso del Santiago actual.

El lunes 13 de enero a las 09.00 am, nos debíamos encontrar en los alrededores de la mencionada plaza, epicentro de la violencia anarquista y delictual. Descendí en la estación del metro Salvador y caminé hacia el punto de encuentro. Llevaba, con cierto nerviosismo, una bandera chilena y un quepis (Gorro) usado por nuestros soldados en la Guerra del Pacífico. Me sorprendí, cuando en el trayecto a la plaza, observé que cerca del monumento del héroe había muchas carpas y rucas hechas de frazadas y cartones, las cuales desde la calle no se ven, tienen banderas mapuches y del equipo de Colo-Colo.

En el monumento mismo, existe una “guardia permanente”, armados con palos y otros instrumentos y con ojo avizor ante cualquier contingencia. Está conformada por una decena de integrantes que forman parte de esta élite revolucionaria. Ellos vociferan permanentemente contra la autoridad o alguien que les increpe y rechace su actitud. A lo lejos se observaba un vehículo de Carabineros de Chile, totalmente pintarrajeado, abollado, rayado y sucio, haciendo juego y camuflado con los muros del sector.

Mi hijo llegó desde otro punto, por el parque Bustamante, donde también hay pequeños campamentos y se visualizan en toda su dimensión los rayados, suciedad y la destrucción del hotel Principado de Asturias, el Palacio Schneider y otras construcciones de nuestra otrora bella capital.

La verdad, es que daba temor ver a esos chilenos tan diferentes, a lo que se entiende son parte de un estereotipo normal; llenos de tatuajes, aros anillos y otros fierros en la cara en una actitud agresiva. Lo peor era distinguir claramente que algunos estaban totalmente ebrios a esa hora de la mañana (09.30 hrs) bebiendo melón con vino blanco y por la agresividad que irradiaban sus miradas de ojos rojizos, producto aparentemente del consumo de drogas.

Uno de los vigías de esta “posición de combate” nos observaba cuando pasamos a saludar a un Teniente de Carabineros, jefe de los pocos policías que vigilaban desde lejos, para preguntarle si existía algún antecedente de esta gente, antes de acercarme con una bandera de Chile, habiendo solo banderas mapuches en la explanada. A continuación, le pregunté, si nos podría ayudar en el caso de tener problemas, o sufrir alguna agresión de parte de la “guardia revolucionaria” de la plaza, en nuestra recorrido hacia la estatua. El oficial, muy correcto y caballeroso, nos dijo que fuéramos con precaución y que él estaría mirando desde su posición para reaccionar e ir en nuestra ayuda si fuese necesario.

Al acercarnos al monumento de nuestro héroe, salió al paso un joven alto, cabeza rapada, con tatuajes en la cara y todo el cuerpo, con un anillo en la nariz y dos aros grandes de madera tipo polinésico en sus orejas. Su vestimenta muy básica y sucia y en sus pies unas chalas tipo condorito. Iba armado con un melón tuna con vino blanco en la mano derecha y un palo en la izquierda, su mirada medio perdida y los ojos completamente irritados.

Pero por extraño que parezca, detrás de esa coraza sucia y tatuada no se veía una mala persona. Al acercarnos y entablar dialogo con él, ese presentimiento me daría la razón.

Igualmente me encaró bruscamente preguntando por qué habíamos hablado con la “Yuta” (carabineros). Le expliqué, que había preguntado si existía alguna restricción para filmar en la Plaza…. ¡No te creo! me replicó, en un tono amenazante. ¡Vos soy espía y venís a sapear!

Estas equivocado, le repliqué, soy historiador y vengo a grabar un homenaje al General Baquedano. Mi hijo le repitió los mismos argumentos y, al parecer al ver un joven de su misma edad se apaciguó.

Aproveché el momento de calma dudosa de nuestro custodio y lo invité a sentarse junto a nosotros para que viera lo que pensábamos hacer.

¿A lo mejor te gusta?, le dije.

Ya sentado y aun viéndolo con cara de duda, le pregunté ¿Cuál es tu nombre?

“Pequeño”, me contestó.

Pero como te puedes llamar así, ese no es nombre, ¿cómo te llamas? Le reiteré…solamente para conocerte… Yo me llamo Mario… Mario Fuentes Busch y le extendí la mano.

Con una mirada sorprendida me repitió: “Pequeño” …solo “Pequeño”:

¡Y si soy rati o yuta.. y me acusai…

Bueno “Pequeño”, repliqué, ahora guarda silencio, al menos un rato y me ayudas, mientras grabamos. Se quedó callado y pensativo. No muy lejos se escuchaban gritos e insultos a carabineros y autoridades de gobierno, proferidos por otro “guardia revolucionario”, lo que me distraía y entorpecía mi grabación.

Cuando leí la proclama del General Baquedano a sus tropas, antes de la batalla de Chorrillos, que es en sumo emocionante, miré a “Pequeño” de reojo y vi en su cara signos de atención y concentración.

Terminamos la grabación y “Pequeño” se acercó y me dijo: ¿Qué lindo lo que dijo de ese señor? No sabía lo que usted contó. Era bien encachado y compartió con el pueblo. Me gustó eso de que iba al mercado a tomar desayuno…. igual que nosotros a veces… muchas gracias caballero, … ¡ya no me tuteaba!, me habló con más respeto.

¿Cómo que no sabías? Tú eres chileno y deberías conocer, ya que nos corresponde conocer a nuestros héroes nacionales, le dije… contestándome para mi sorpresa: ¡Yo no soy chileno!

¿Cómo y qué eres?, le pregunté quedando sorprendido con su respuesta: ¡Cualquier cosa menos chileno…sudamericano; de la patria grande!

¿Y por qué? …volví a inquirir

Porque el Estado es asesino. Esto me lo dijo en un tono fuerte y poniéndose violento nuevamente… la conversación no siguió, ya que empezaron a despertar sus compañeros de causa, viendo un riesgo pues ya eran al menos 10 de estos revolucionarios los que estaban a nuestro rededor.

Bueno “Pequeño” … nos vamos, fue un gusto conocerte. Le extendí la mano y me respondió con la suya. Se despidió de mi hijo de igual manera, en forma cariñosa: ¡Chao, hermano!  Se me acercó tímidamente y me pidió unas moneditas para ir a comprar pan, ya que tenía hambre. Le di varias y me abrazó. Sentí su sinceridad en el agradecimiento.

También el “Pequeño”, le dijo a mi hijo… cuida a tu taita, es muy lindo tener taita, que te acompañe, te ayude, yo nunca lo tuve… se puso a llorar. Cuando nos alejábamos, repetía ¡cuídalo, apáñalo, apáñalo…, tenís suerte!

Nos fuimos a un café cercano a la plaza…. el único local abierto y en funcionamiento. Mi hijo me dijo: increíble como lo apaciguaste y manejaste papá, me dio pena el “Pequeño”.

A mí también… le contesté.

Mientras nos tomábamos el café, conversamos sobre la vida difícil y vacía que tenía este pobre joven y quizás cuantos otros. Qué contradicción; se veía como un anarquista sin Dios, ni ley… pero en realidad era un joven abandonado por su familia y la vida, completamente desprotegido.

Me quedé pensando y le dije… ¿me acompañarías nuevamente a la plaza? y entrevistamos a este joven y grabamos su testimonio de vida, como también podría haber otros que quieran dar su testimonio, creo que será un ejercicio muy interesante.

Me aceptó la peligrosa invitación y regresamos a la plaza.

Cruzando la calle, llegamos nuevamente al lugar y vimos al “Pequeño”. Se acercó y me abrazó, como si no me hubiera visto en meses y le repetía a mi hijo … tu taita es grande…cuídalo.

“Pequeño” …quiero hacerte unas preguntas, ya que queremos saber más de tu vida y grabar tu testimonio.

Grave error.  Inmediatamente se puso a la defensiva… Ustedes son ratis  … si me filman y me llevan preso!! ………..

Nuevamente, me tuve que ganar la confianza de él y otro más que se acercó, que dijo llamarse Iván a secas, identificándose como mapuche. Era más relajado y accesible que “Pequeño”. Encontré que, por su manera de hablar y el modo de expresar sus ideas tenía preparación secundaria y quizá superior … dijo ser de Osorno, donde estuvo cuatro años en el Sename, por un ataque incendiario, injustamente según su versión. Estudió gastronomía y cocinaba y vendía sus productos por una página web.

Expresaba que los chilenos le robaron todo a los mapuches, ya que el territorio nacional era todo de ellos y que llevaban 500 años de una lucha que continuarán.

“Pequeño” escuchaba con atención los argumentos esgrimidos por su compañero de lucha. Él se sentía disminuido y trataba de hablar a gritos. Así supimos que también estuvo en el Sename, pero no quiso contar la razón. También le entendí que decía, no tengo familia, papá, ni nadie que me ayude. Mi familia es cuica y no me quieren ver. La odio, la odio… a Chile también. Llorando y cada vez con más rabia y pena.

Me puse nervioso, ya que empezaron a llegar más comensales a esta improvisada reunión, entre los cuales una joven argentina, totalmente drogada y borracha, a la que no le entendíamos nada de lo que balbuceaba. Solamente capté que era de Chubut.

Otro, que portaba muletas me hacía señas porque quería hablar. Unos cuantos detrás nuestro decían todos los slogans que uno ve y escucha en estos tiempos.  Lo impresionante es que repiten estos conceptos, sin ningún fundamento. El único que tenía argumentos y defendió bien sus ideas fue Iván, el osornino mapuche.

Hubo un momento en que empecé a perder el control de mis entrevistados, ya que muchos habían despertado y comenzaron a salir de sus carpas. Ante tanto barullo ya que todos hablaban al mismo tiempo, me puse enérgico y les dije: ¡Basta! De a uno y el resto escucha… para poder entender sus fundamentos e ideas.

Increíblemente me hicieron caso y no se enojaron. Continuó hablando “Pequeño” sobre las malas experiencias de su vida y el resto decía a coro que el sistema los tiene oprimidos y ahogados, que no tienen oportunidades y los ricos se llevan todo.

Bueno, entiendo lo que dicen, y les dije: ahora si el sistema es malo ¡Neocapitalismo! gritaba uno bajito que no se veía bien.

¿Prefieren el de Venezuela o el de Cuba?

No gritaron al unísono…  esos son peores. No somos comunistas, ¡queremos un sistema intermedio, que tengamos más oportunidades y más pega!

Mientras, seguían llegando comensales al desayuno, comían pan solo y otros tomaban melón con vino.

Era el momento para retirarse, lo demás era exponerse.

Me despedí de “Pequeño”, con un abrazo y me besó la mejilla, lo cual me dio mucha pena. Evidentemente que su padre, nunca lo besó, nunca lo abrazó.

A Iván, le prometimos que íbamos a ver su página web con gastronomía mapuche y le compraríamos sus productos.

Me despedí de mi hijo con un fuerte abrazo y sin decirlo, los dos pensamos lo mismo: pobres jóvenes, abandonados en su vida, solitarios y faltos de un hogar y de una familia conformada, no saben a quién culpar; si al Estado, a sus parientes, a la sociedad que los “segrega” al sistema político y económico.

A toda esa angustia coopera, sin lugar a duda y agravando los problemas, la droga, que es el peor de todos los factores negativos y que estaría dando el golpe de gracia a este segmento de nuestra alicaída juventud. Durante mis años de servicio en el norte de Chile, en Arica e Iquique, también observé esta peste, un cáncer grado 4 que hay que tratar urgentemente.

Por mi parte, estimo que es urgente que todos cooperemos en recuperar la convivencia y el espíritu del Ejército chileno de 1879, con sus hombres y mujeres. Hay que seguir sus huellas, ellos son la luz y una guía loable. Pertenecían a todos los segmentos de la sociedad y de origen muy diverso, pero con un objetivo común: Engrandecer la patria.